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¿Por qué la victoria tiene que significar un paso más al desastre en lugar de la felicidad?

Por Pierre Shantz

Marcos 10
Nueva Versión Internacional (NVI)
26 Los discípulos se asombraron aún más, y decían entre sí: «Entonces, ¿quién podrá salvarse? 27 —Para los hombres es imposible —aclaró Jesús, mirándolos fijamente—, pero no para Dios; de hecho, para Dios todo es posible. 28 —¿Qué de nosotros, que lo hemos dejado todo y te hemos seguido? —comenzó a reclamarle Pedro. 29 —Les aseguro —respondió Jesús— que todo el que por mi causa y la del *evangelio haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o terrenos, 30 recibirá cien veces más ahora en este tiempo (casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y terrenos, aunque con persecuciones); y en la edad venidera, la vida eterna. 31 Pero muchos de los primeros serán últimos, y los últimos, primeros.

Las victorias son para celebrar. Son momentos que nos dan la satisfacción de un trabajo bien hecho. Que la lucha que dimos valió la pena. ¿Por qué entonces en Colombia una victoria para tantas comunidades que luchan por algo tan básico como el derecho a tener un pedazo de tierra para cultivar para alimentar a sus familias, se convierte en una pesadilla y para algunos una sentencia de muerte?

Esto suena triste y desalentador y no deseo pintar un cuadro tan tenebroso, pero ocultar la verdad sería peor. De hecho, durante los últimos meses nosotros como equipo hemos (no intencionalmente) ocultado la verdad al anunciar varias victorias. Lo hicimos porque, de hecho, ha habido varias victorias que merecen totalmente una celebración. Además por nuestra propia salud emocional necesitábamos disfrutar de esos momentos. Las comunidades afectadas por la violencia del conflicto económico, político y armado de Colombia no tienen victorias muy a menudo, éxitos tangibles a lo que pueden agarrarse. Así que cuando suceden es difícil no agarrarse fuertemente y anunciarlas desde las cimas de las montañas. Incluso utilizamos estas victorias como estrategia de recaudación de fondos porque “todo el mundo quiere apoyar a un equipo ganador.”

No se equivoquen, grandes victorias ocurrieron en el Garzal/Nueva Esperanza y Las Pavas, dos comunidades que ECAP Colombia acompaña y en circunstancias normales seguiríamos todos y todas celebrando. Pero como he dicho antes, estas victorias se han convertido en tragedias difíciles de imaginar y que pueden desalentar aun el alma más feliz.

Las Pavas: (ver artículos anteriores acerca de Las Pavas) El pueblo de Las Pavas es una comunidad campesina en la región del Sur de Bolívar de Colombia. A lo largo de los años la violencia paramilitar obligaba a la comunidad salir de la tierra, pero siempre regresaban. En 2006 la comunidad estaba en el proceso de reivindicación de sus derechos sobre la tierra bajo la ley colombiana, cuando un consorcio de palma aceitera Aportes San Isidro llegó a un acuerdo y compró los predios al propietario ausente, que había perdido sus derechos sobre la tierra debido a los años de abandono, de acuerdo a la ley c. El 14 de julio de 2009 por medios corruptos y en nombre de Aportes San Isidro, la policía antimotines colombiana desalojó ilegalmente 123 familias (más de 500 personas) de la finca Las Pavas. Durante casi 2 años, después de sufrir malas condiciones de vida y la falta de alimentos el más alto tribunal en Colombia se pronunció a favor de la comunidad campesina de la Asociación de Campesinos de Buenos Aires (ASOCAB) declarando el desalojo ilegal. El 4 de abril 2011, las familias de Las Pavas regresaron a la tierra. Lo llamaron “el milagro de Las Pavas.” Muchas familias comenzaron a cultivar de nuevo y producir alimentos muy necesarios para el sustento de sus familias. Más tarde una victoria aún mayor vino, el Instituto Colombiano para el Desarrollo Rural INCODER (el organismo gubernamental responsable de las cuestiones de tierras rurales) declaró que toda la tierra de la finca Las Pavas eran tierras del Estado y que una vez culminara el proceso serían tituladas a los campesinos de ASOCAB. ¿Cómo pueden estas dos victorias no ser los acontecimientos más grandes en la vida de estas 123 familias? Lamentablemente lo que ha ocurrido junto a estas dos victorias es otra historia. Debido a que Aportes San Isidro tiene un gran poder económico y político, han sido capaces de evitar que estas decisiones sean implementadas plenamente. Después de que la Corte anuló el desalojo la empresa permaneció en la tierra diciendo que tenían los mismos derechos a permanecer allí hasta que el INCODER termine su proceso. Durante este tiempo, los empleados de la compañía acosaron violentamente a las familias de Las Pavas por medio de la destrucción de los cultivos, el robo de herramientas, agresiones verbales, destrucción de sus ranchos, la matanza de animales e incluso amenazas de muerte a la gente. Estas acciones amenazantes han aumentado exponencialmente desde el fallo del INCODER con la última golpiza y el intento de homicidio del miembro de ASOCAB, Tito Alvear.

Así como puede verse cuando las familias de Las Pavas deberían celebrar su derecho a cultivar en paz, se ven en la penosa necesidad de enfrentar las mayores amenazas para su supervivencia. Por desgracia, porque nos atrevimos a celebrar y anunciar a nuestros lectores que el milagro de Las Pavas había sucedido muchos de ustedes pensaron “caso cerrado”, que todo está bien en Las Pavas. Luego, cuando empezamos a escribir artículos sobre el hostigamiento y las amenazas contra las familias por parte de la empresa palmera recibimos mensajes confusos que nos preguntaron “Pero si se resolvió este caso, ¿por qué siguen escribiendo de esta manera?” Así que aquí está la amarga verdad. La lucha de Las Pavas no ha terminado. Un milagro ocurrió cuando el más alto tribunal de Colombia, La Corte Constitucional, que por lo general sólo los ricos y poderosos pueden acceder, se pronunció a favor de una pequeña comunidad de pobres campesinos. Pero como en el ministerio de Jesús, aunque muchos milagros sucedieron no era el final de las luchas, de hecho, muchas más estaban por venir.

Garzal/Nueva Esperanza: (ver artículos anteriores sobre Garzal / Nueva Esperanza). La historia de este proceso es en muchos aspectos similar a Las Pavas. Un ex narcotraficante Manuel Enrique Barreto perseguido por las autoridades dejo tierras abandonadas y varios años después regresó en busca de controlar todo de nuevo como si nada hubiera cambiado. La diferencia es que los agricultores que realmente necesitan esta tierra para alimentar a sus familias se trasladaron a la tierra y comenzaron a producir. Estas familias también solicitaron al INCODER iniciar un proceso de legalización de la tierra. Cuando Barreto regresó, se dio cuenta de que había una posibilidad real de que podría perder la tierra a los campesinos. Su avaricia le llevó a presentar títulos falsos en un juzgado regional. Por la gracia de Dios y un buen equipo de abogados, las más de 300 familias del Garzal y Nueva Esperanza fueron capaces de resistir a las numerosas amenazas de desalojo por el juzgado. Y por la fuerza de la fe y la convicción de pertenecer a la tierra lucharon contra las numerosas amenazas de desplazamiento de los grupos paramilitares armados. Finalmente en el 2012 el INCODER comenzó a impulsar el proceso de extinción del dominio donde el Estado colombiano declara la tierra del estado y posteriormente la titula a las familias campesinas. Este proceso se encuentra en su etapa final y se espera que termine a favor de las familias. Luego el Miércoles, 03 de abril 2013, el INCODER entrego 64 títulos a las familias del Garzal quienes fueron defraudados de sus títulos por una agente del INCODER sospecha que ser pagado por Barreto. También en este caso, celebramos y anunciamos al mundo que las familias del Garzal y Nueva Esperanza recibieron títulos. Por supuesto, estas son razones para celebrar. Deberíamos estar saltando de alegría.

Hace varias semanas la gente en el Garzal nos dijeron que las cosas estaban tan tranquilas que parecía que Barreto había aceptado su derrota y decidió no persistir la propiedad de la tierra. Su batalla legal llegó a un callejón sin salida, y sus únicas opciones que quedan son las acciones violentas de desplazar a las familias. Esperamos pacientemente. Por desgracia, la familia Barreto no ha renunciado. Recientes informes han dicho que fuerzas paramilitares se están organizando para tomar el control de la región de Garzal y Nueva Esperanza. Ellos han dicho que van a sacar las familias de la tierra teniendo en cuenta los grandes intereses económicos, como Barreto para explotar la tierra. Pastor Salvador Alcántara, el líder más visible y vocal, y su familia fueron recientemente una vez más obligados a abandonar la región por amenazas inminentes contra su vida. Lo más triste que escuché en relación con esta situación fue cuando le pregunté si la familia volvería en enero para una celebración planeada para la entrega del resto de los títulos y respondieron diciendo “Es mejor si la comunidad no celebra más. Mira lo que nos ha pasado y ni siquiera hemos celebrado nuestros títulos. Imagínese si llevamos a cabo una gran celebración y les hechamos en la cara nuestra victoria. Que nos harían a nosotros entonces”.

Supongo que no deberíamos sorprendernos que estas comunidades que han permanecido firmes frente tantas dificultades siguen enfrentándose a la persecución. Como dijo Jesús en el pasaje de Marcos 10 verso 30 que por nuestra fidelidad “recibirá cien veces más ahora en este tiempo: casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y campos, con persecuciones,” Este es la victoria agridulce de ser recompensado a la vez cien veces que lo que damos a seguirlo. Porque además de la victoria vienen persecuciones. Los habitantes del Garzal/Nueva Esperanza y Las Pavas nos desafían fuertemente con su ejemplo de fidelidad a examinar nuestro propio camino espiritual y donde estamos.

Desde que Juan Manuel Santos asumió la presidencia en 2010 ha impulsado algunos cambios que muchos han visto como muy positivos. Algunos de estos cambios como una ley de restitución de tierras han permitido que los casos de Las Pavas y Garzal/Nueva Esperanza avancen a favor de las familias campesinas. Las negociaciones con el grupo guerrillero FARC podrían llevar incluso hasta el final de la guerra civil en Colombia. Una vez más, a primera vista esto parece como victorias para celebrar. Colombia un país que ha estado bajo la mirada de la comunidad internacional por causa de violaciones graves de los derechos humanos se ve ahora de una manera mucho más favorable. La financiación internacional para las organizaciones de base de derechos humanos ahora va a otros países, porque Colombia está bien. Varias organizaciones de acompañamiento tales como ECAP han visto recortes en sus presupuestos porque “Colombia está mejor así que por qué financiar los proyectos en Colombia.”

Entonces esta reflexión es más bien una revisión de la realidad. Una especie de disculpa si hemos dado la impresión equivocada de que Colombia está bien. Que Las Pavas está bien. Que Garzal y Nueva Esperanza están bien. Las comunidades con las que tratamos de estar en solidaridad necesitan su apoyo. Necesitamos su apoyo. Es necesario que ustedes permanezcan al tanto de la situación y cuestionan y toman acción cuando escuchen que Colombia está bien. Actúan cuando llamamos a responder a las amenazas de violencia o atropellos contra las comunidades. Escribir cartas, rezar, hacer actos públicos frente a los consulados de Colombia o sedes de empresas exigiendo la justicia para las familias campesinas colombianas y, si nos pueden, enviar una donación para que podamos continuar el trabajo de solidaridad, por favor háganlo.

¿Podrán estas comunidades y cientos de otras como ellas en Colombia realmente y verdaderamente celebrar sus victorias? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es, que la lucha no ha terminado y es importante. Hasta entonces, nos comprometemos con usted de no dar falsas esperanzas sobre la situación. Anunciaremos las victorias y celebraremos con las comunidades, pero también vamos a asumir la dolorosa tarea de decir la fea verdad.

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Acerca de CPT Colombia

CPT (Christian Peacemaker Teams) Colombia is an International organization seeking to be allies for and partner with communities who are threatened with displacement and violence. We try to support their initiatives to promote justice and peace and their resistance to attempts by those who oppress them and seek to dispossess them of their land, culture and livelihoods.

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